Muy buenas a todos. Este blog se inicia como punto de inflexión o puerta de entrada en una nueva etapa vital y creativa. Atrás quedan el blog anterior de mobemento films, creado a raiz de mi primer paso en el mundo del cine: El cortometraje “(hogar)” .

Partiendo del hogar

Partiendo del hogar

En otoño del 2007 es cuando tuve el corto listo para enseñarlo en mi círculo de amigos y familiares, público que se fue ampliando con el paso del tiempo hasta llegar a Lolita Peliculitas, la empresa que está distribuyendo el corto por todo festival patrio viviente desde febrero de este año. El balance hasta el momento es que ha sido presentado en 102 festivales y seleccionado para tres: El Festival de Cine Solidario de Guadalajara (pasan el corto el próximo 2 de octubre), en el FOC CINEMA’08 y en la Muestra de Cine de Lavapiés (no es festival, es decir, no hay ganadores). Estoy muy contento de que se hayan fijado en mi, aunque me hace especial ilusión el de Guadalajara.

El (hogar)

El (hogar)

La sensación es la de tener a un hijo de gira por España y que de vez en cuando te llama para decirte que tal le van las cosas. Creo que merece la pena aunque no te lo cojan en ningún festival. Es una satisfacción enorme saber que he hecho por el proyecto todo lo que podía hacer, un compromiso total por mi parte tanto con la historia que quería transmitiros como con el equipo de rodaje y todas las personas que han influido y participado en (hogar).

De las repercusiones más emocionantes que ha tenido el corto han sido dos reseñas escritas en dejaboo. La primera la firmaba mi amigo Antonalva y decía así:

La visita al hogar

Qué nos queda cuando nos quedamos sin nada? ¿Qué conservamos cuando nos despojan de lo que fue nuestro? A esas preguntas parece buscar respuesta Iván Alonso-Solas en su cortometraje “(Hogar)” (2007). Es todo un desafío condensar en menos de diez minutos todo un mundo de sensaciones y emociones, sin palabras, con puras imágenes que tratan de sondear el rostro de la protagonista única, en aparente paz consigo misma mientras transita los recovecos de su hogar ¿o es su alma? – aunque por dentro palpita un volcán ¿o está tan entumecida por el dolor que ya no siente nada?

El cortometraje, lo miso que el relato corto o el cuento, tienen unas claves exigentes y difíciles: se busca deslumbrar o sorprender con una idea, una ocurrencia, una vuelta de tuerca, se trabaja con la pincelada sugerida, apenas apuntada que el lector o espectador deberá completar por sí mismo, dejando el relato a veces más abierto que una novela o largometraje. Con esas herramientas trabaja Iván Alonso-Solas: la sugerencia, lo evocativo, la incertidumbre, el enigma, lo opaco hasta llegar al retruécano final que cierra y completa las piezas del rompecabezas. A diferencia de la historia que se nos ofrece – que nos lleva de lo diurno a lo nocturno – el espectador camina en sentido inverso: pasa del ir a ciegas inicial a la iluminación final.

Al sol

Al sol

Las imágenes – en un contrastado y tenaz blanco y negro – se suceden: las llaves, el reloj, la cocina, la comida, la lectura, la siesta… Pero al mismo tiempo van surgiendo sutiles pistas sobre la historia soterrada que pugna por salir a la superficie: unas lágrimas de agua que todo lo anegan, unos olores que parece censurar y un olor que la transportan hacia el dolor, esos relojes, ese vacío… Y como eje central ese baño, esa soledad, ese silencio. Un cuerpo inerte y enlutado sobre un lecho blanco: cuando se ha perdido la guerra no quedan batallas por ganar.

El cortometraje se cierra con una sucesión de planos magistral. Un sutil movimiento de cámara, un fundido, se hace la luz y comprendemos la magnitud del naufragio. Y quizás la perfección de esa planificación resume también lo mejor de la propuesta: las imágenes son ricas, ágiles, narrativas y nos hacen avanzar hacia el desenlace, hay un excelente dominio técnico del cómo se quiere abordar y mostrar la historia. Pero tras ese acabado exigente, a mi me falta la emoción, disfruto con el cómo, pero echo en falta el qué, la agitación de esa tragedia concreta de la protagonista, su dolor, su obsesión, su pérdida. Disfruto a nivel intelectual pero quedo ayuno a nivel emocional.

En definitiva, muy sugerente y rigurosa propuesta cinematográfica (las repeticiones con sutiles variaciones, sus simetrías y asimetrías, sus contrastes, etc.), de impecable realización y acabado – aunque algo fría y cerebral, lo que quizás conlleva no alcanzar del todo el corazón del espectador. En todo caso, un obra recomendable, tanto más como que supone savia nueva en el ¿dolorido o doloroso? panorama del cine español.

Fdo: Antonalva

Abrazo el recuerdo

Abrazo el recuerdo

La segunda reseña la firma mi amigo JokinGonzález:

Where I lay my hat may not be my home

Justo cuando vengo todo feliz a reseñar este cortometraje veo que Antonalva ha hecho su trabajo mucho más puntual que yo. Moan…

Así que me quedo sin poder contaros que esta pieza de diez minutos me gustó. Rodada en blanco y negro, que si bien todos sabemos que es la mejor manera de disimular la falta de medios y presupuesto, sigue teniendo la capacidad de acentuar el drama, de mitigar todo artificio para que la historia y los personajes brillen en sí mismos.

Tampoco os diré que la película comienza lenta. Bastante lenta. Tras el inicial homenaje a Welles, te parece raro que nadie hable y esperas que en breve una voz rompa el ligero ruido ambiente que se percibe. A los dos minutos ya sabes que no, que ahí nadie va a soltar prenda y que más te vale estar atento si quieres enterarte de algo.

Tomando notas

Tomando notas

Pero no pasa nada. Es en torno a los cuatro o cinco minutos cuando caes en la cuenta de repente de que algo va mal. De que hay algo más allá de lo que ves. No se sabe exactamente lo que es, pero hay algo que no parece encajar (aparte del desnudo de la protagonista que, personalmente, me pareció fuera de lugar. ¿Tanto criticar al cine español de tetas y maricones y repetimos su esquema pero en corto? tsk, tsk… tirón de orejas al responsable). Es más o menos en ese momento cuando te hueles el final, pero te quedas a ver por dónde escapa el guionista.

Y, por supuesto, no os diré porque ya lo sabéis que el final es para incluirlo en los libros de texto. Cómo resolver en unos pocos segundos la historia, dando sentido a todo lo que has estado viendo minutos atrás. Lo que ya sabías, se confirma en una fracción de segundo, sin necesitar giros, explicaciones ni piruetas del lenguaje. Incluso todo eso que te parecía absurdo (¿qué coño hago yo viendo cómo esta tía se prepara una tortilla de patatas?) cobra sentido y se engrana con los pequeños detalles sembrados a lo largo de la cinta, redondeando el final (¿se puede decir cinta en la era del vídeo digital?).

Lo que sí podría decir es que, sin ser la opera prima del nuevo John Ford, sí que me ha gustado este vídeo más que otros de gente de mucho más renombre, abonada al cortometraje y los premios gafapasta (como Nacho Vigalondo y amiguetes del Segura, que tras una buena película consiguen colar mediocridades en las recopilaciones de la FNAC y Fotogramas a diestro y siniestro…)

Tres estrellas [sobre cinco] le daría si escribiese yo una reseña. Por lo bien resuelto que está el final, por no caer en el onanismo cinematográfico del director novel y por ajustar el metraje a unos correctos diez minutos (con la edad se agudiza mi déficit de atención). Se caen dos estrellas por lo predecible de la historia (aunque la resolución sea buena, no deja de ser contarte lo que ya sabes) , por el desnudo fuera de lugar (aunque, como en el destape, “lo justifique el guión”) y porque estoy seguro que las mejores películas de Iván Alonso-Solas todavía están por llegar.

Fdo: JokinGonzález

Dicho esto, abandono el hogar. Sigo en Madrid y sigo con mi trabajo, pero creativamente paso página. Ahora sí que siento que el proyecto ya está cerrado a todos los niveles, que le he dado y me ha dado todo lo que tenía que darse. He aprendido cosas que no tienen nada que ver con la creación artística, lecciones de vida. He conocido a gente que ahora son una presencia activa en mi vida. Abandono el hogar abriendo un puerta nueva pero sin cerrarla. Ahora entiendo el porqué de aquella sentencia famosa de un director de cuyo nombre no me acuerdo que decía algo así como “Rueda el proyecto que tengas. Lo que sea, aunque sea una mierda, pero ruédalo”.

¿Qué hora es?

¿Qué hora es?

Sí. Así es. Si te implicas de verdad, si te entregas, te llevará a lugares que ni tan siquiera imaginabas cuando estabas en casa bosquejando la idea en un cuaderno. Estoy en un momento desconocido para mi. Me siento vivo y maduro para afrontar cualquier proyecto audiovisual que emprenda. Pero no puede ser desde el mismo lugar. Nunca es desde el mismo lugar. El hogar fue un lugar confortable en el que empezar, sabiendo que es lo que quería contar y de qué modo lo quería contar, algo encorsetado todavía, sin margen para el riesgo o la improvisación, con las dudas propias de un lenguaje cinematográfico sin consolidar, sin estilo. Es pronto para ello. Pero sigo en marcha, aprendiendo aún cuando no soy consciente. ¿Qué diferencia hay pues con la etapa anterior? Pues que ahora quiero compartirlo con todos vosotros. Las impresiones que tenga como cineasta amante (¿no es más bonito que “amateur”?) intentaré plasmarlas aqui, quitándole todas las capas que pueda de intención, de filigrana, de pedantería y de egotismo. No lo hago para impresionar, ni para informar. Solo para regalar.

Allá vamos. Sed todos bienvenidos.

Titulos de credito

Títulos de crédito

He estado haciendo unos retoques al blog para que aparezca como entrada de inicio aquella en la que presento mi cortometraje, por si aquel que visita este lugar le interesa ver el corto y nada más. Le he incluido algunos fotogramas porque tanta palabra lo hacía algo seco. También he decidido prescindir de las entradas en las que hacía críticas de películas. Llevo tiempo sin escribir ninguna reseña y no sé cuando será la siguiente, pero si la publico no será en este blog, que de momento quiero que tome un cariz más personal. Espero que os guste.

A la luz de un candil

A la luz de un candil

Pero vamos a la faena. Algunos (unos pocos) se preguntarán dónde leches he estado metido todo este tiempo. La respuesta es sencilla: Escribiendo. Llevo enfrascado ya varios meses en la elaboración de mi primer proyecto de largometraje llamado “COLONOS”, un drama post apocalíptico en el que una joven superviviente incapaz de estar sola tendrá que hacer frente a un nuevo mundo en el que no encaja, sumergida en una naturaleza bella y salvaje que le es ajena, aprendiendo lo difícil que es empezar una nueva vida. El primer hito en este largo proceso es tener un primer borrador (convenientemente registrado para evitar sorpresas) que se pueda dar a leer para que, partiendo de ese punto, se puedan realizar todas la revisiones necesarias hasta tener un guión definitivo. En esa tarea puedes intervenir tú si quieres. No tienes más que enviarme un correo a mobemento@hotmail.com y te enviaré una copia del guión para que lo leas.

Todo el proceso desde que empecé a madurar la idea el año pasado hasta ahora ha sido apasionante. Y sorprendente. Por un lado porque te das cuenta de que sin la tozudez suficiente para que un ser caótico como yo se ponga erre que erre todos los días a escribir, la cosa no tira adelante. Es decir, constancia. Por otro lado ves que lo que es escribir escribir, es decir, el guión escena a escena con sus diálogos, no es más que una pequeña porción del proceso, la consecuencia de una elaborada y desarrollada planificación anterior, lo que tampoco garantiza un buen hilado del guión. Sorprendente es llegar a un punto en el que tienes un plan para tus personajes, pero ellos parecen tener vida propia y tiran para otro lado, no les gusta que los maniates y todos quieren protagonismo. En definitiva, que uno se da cuenta de lo que aprende cuando se pone en acción, a materializar las ideas y eso mismo te hace ver la línea del horizonte, lejana e imposible de alcanzar. Resulta a la vez apasionante y abrumador empezar a comprender todo lo que me queda por aprender todavía de este oficio.

Ha pasado bastante tiempo desde la última vez que asomé la cabeza a este lugar.

El 2008 no fue precisamente un ejercicio prolífico y fértil en cuanto a mi producción cinematográfica y me limité a contemplar como mi corto llamaba a todas las puertas posibles y a crear este blog, quizás con la intención de crear un hilo conductor en mi vida creativa que se dispersa con demasiada asiduidad. Pero ni así.

A finales de noviembre una persona muy cercana a mi aún estando a miles de kilómetros decidió que este mundo no merecía su existencia y se largó. Así, sin más. Su presencia en mi vida era un misterio para mi pues no comprendía bien hasta dónde llegaba su influencia en mi y el misterio se posterga con su repentina despedida. Desde entonces que he estado intentando entender sus motivos, como si pudiera encontrar en el interior de un cofre esa luz que ilumina todas las incertidumbres que la muerte de esta persona me deja. Ahora empiezo a entender que esa explicación no existe y que, en el supuesto de exisitir, tampoco sería satisfactoria.

Este hecho ha coincidido con (y provocado) mi ausencia total del mundo cibernético y no poca ausencia del mundo real. Me detuve para ponerme en marcha de nuevo. Sigo adelante.

Esta inconstancia ha repercutido directamente en mi proyecto de guión de largometraje y al que dediqué varias sesiones de trabajo a finales del año pasado. La idea sigue ahí y el trabajo también, pero lo siento como distante, como si no fuera mio. ¿Cómo prosigue uno con un proyecto, que no es más que una plasmación de tu visión del mundo, cuando este mundo y tu visión son agitados bruscamente?

Quizás es otro misterio que debo abrazar.

La semana pasada acudí al Festival de Cine Solidario de Guadalajara. Como os había contado antes es el festival más importante en el que ha participado mi corto (Hogar) hasta el momento. La Sección Oficial en la que participaba constaba de tres jornadas de martes a jueves, programado mi chiquitín para el miércoles. Quise ir el martes a la proyección aupado por la curiosidad que me generaban los trabajos de los otros concursante y también porque iba deliciosamente acompañado. Allí conocí a algunos miembros de la organización como Luis (el director) o Iris que fueron de lo más majo con nosotros desde el primer momento. Tras un paseo por la ciudad acudimos a la proyección de los primeros cortos de la sección oficial. Algunos fueron interesantes y el anticipo de lo que me esperaba al día siguiente ya me empezaba a poner nerviosos: Un auditorio enorme y unos 400 espectadores.

Con esta premisa fui al día siguiente, sólo ante el peligro, al evento como lo que era: El estreno de mi corto en pantalla grande. El presentador me convocó al escenario para presentar mi corto. Tenía cosas pensadas de antemano que había anotado metódicamente (raro en mi) en mi mano, pero estaban emborronadas por el sudor. Dije lo que quise decir, dirigiéndome directamente tanto al espectador como al primerizo creador. Es raro, porque el público sabes que son personas pero no las ves, es una masa uniforme a la que te diriges con la fe de que eres escuchado. Pero lo peor para mis nervios vendría después, con el pase de mi corto en cuarto lugar. Me gustó mucho el de unos gallegos, 5 días de septiembre, por la audacia narrativa de hacer un corto a través de la improvisación de sus actores, porque había momentos puntuales en los que te sentías totalmente unido a sus imágenes.

Sorprendente. Ese es el adjetivo. Da igual la de veces que hayas visto el corto en el ordenador o el televisor: En pantalla grande es como verlo por primera vez. No es sólo el tamaño de la imagen, es el sonido, la oscuridad, el silencio. La capacidad de aislarte completamente de tus circunstancias y de sumergirte en un mar de fotogramas. Percibí de manera notoria las imperfecciones de mi propuesta, pero también me llegó amplificado su hilo emocional. Sentí rubor en algunas ocasiones y una alegría enorme cuando tras el último plano la gente arrancó a aplaudir. Ese reconocimiento (que recibían todos los concursantes) me llegó y sentí algo que había anticipado en mi presentación sobre el escenario: Que el premio era ese momento en el que compartías tu arte con el público. Del premio monetario, otros lo merecían más (de hecho el palmarés lo componen casi por completo cortos de esa segunda jornada) con propuestas más maduras y elegantes. Me daba igual. Ese día fue una celebración.

De ejemplo os envío un link al buen reportaje que hicieron los chicos de Popular TV Guadalajara (un beso para Isra y Mónica!!) en el que hay parte de la entrevista que me hicieron. Qué alegría.

Intento que todos los días sean diferentes. La repetición me pone nervioso. Pero las obligaciones horarias te sumergen en una rutina de la que ha veces es difícil escapar. Pero aquellos dos días de festival, por motivos diferentes, fueron muy significativos, muy vivos, muy diferentes. De esa experiencia aprendí que percibir el margen de mejora es importante, entre otras cosas porque te impulsa a no dejar de aprender nunca, pero sobre todo que hay que apreciar las cosas como son en el momento que son, porque en cuanto te pones a pensar en qué podrías haber hecho para hacerlo mejor o qué harás para superarlo ya te los has perdido. Si cierras los ojos te pierdes la vida. En eso el amor es muy exquisito, porque habita ese espacio entre dos miradas cómplices, entre los recovecos de un abrazo, en el eco de una palabra susurrada al oído, en la oscuridad interior de un beso. Y no entiende de planes, ni de recuerdos. Es lo que es en el momento que es y lo mejor es celebrarlo. Lo de antes es anhelo y lo de después nostalgia. Yo los he confundido en ocasiones, pero cuando lo vives no hay duda, es una certeza absoluta, es una conspiración universal.

Aquellos días de festival ocurrió algo curioso y bonito: Fue el final del camino para mi corto y el inicio de una historia de amor.

¿Casualidad? No lo creo.

Hoy salí a dar un largo paseo en bici. Es una actividad que me gusta más que ir a correr porque sé cómo empieza pero no cómo termina; igual estoy media hora como dos horas. Por el único sitio que me empeñé de veras en visitar, además de El Retiro, fue una cuesta muy pronunciada que hay en un parque a las espaldas de la Iglesia de San Francisco el Grande. Y me empeñé porque hace unos días la descendí por primera vez y creí que me la iba a pegar. Así que la certeza del temor que me generaba esa cuesta era el aliciente máximo para descenderla de nuevo. Es absurdo, es una cuesta de tierra, ni más ni menos, no es importante. Pero en ese momento lo era para mi. La descendí bien, con firmeza. El temor ya es historia.

Algunos se preguntarán en qué proyecto ando metido este año. Muchos me recomendáis que haga otro corto y válgame que lo he intentado, pero no encuentro esa necesidad por contar una historia que me salga de las tripas, y si no sale de bien adentro de momento no me interesa. Así que no creo que haya cortometraje este año. Llevo todo el año preguntándome en qué proyecto personal me voy a enfrascar. La cuestión hasta me llegó a generar una cierta ansiedad, como si el reloj avanzara como una cuenta atrás, como si cada día que pasaba sin dedicar tiempo a un proyecto fuera un día desperdiciado. Hace unas semanas me dí por vencido y asumí que no pasaba nada si estaba todo el año sin hacer nada en el ámbito cinematográfico. De casualidad (si es que existen las casualidades) me puse a repasar alguno de los cuadernos que tenía escritos hace tiempo y allí me encontré con una premisa argumental que me llamaba la atención: Un grupo de personas solas en el mundo que se ven obligadas a convivir en un entorno rural, que deben extraer de la naturaleza los bienes para garantizar su supervivencia, siendo todos ellos unos urbanitas del copón. Colonos lo había titulado (el título es una de las primeras ideas que me viene a la mente en un proyecto). Me puse a tomar notas y a reflexionar sobre la idea de nuevo, sintiendo que tenía entre manos un proyecto en potencia. Al principio sentí rechazo por retomar una idea de hace ya dos años, Me parecía antigua y me imaginaba a mí mismo dando vueltas en círculos. Pero no era más que una imagen falsa, una tontería. Porque las ideas no tienen edad ni fecha de caducidad y una premisa argumental no es más que una excusa para derramarme sobre el guión, un punto en el que centrar mi atención pero llenándolo de mi manera de ver el mundo ahora, porque es ahora cuando abordo el proyecto. Si lo hubiera escrito hace dos años sería un guión diferente. Desde aquel día hasta hoy he estado leyendo algunas cosas y releyendo otras (como el libro de El guión de Robert McKee) y a cada día que pasaba sentía más cerca la certeza de que tenía buen material para hacer un guión, que estaba en un buen momento vital para abordarlo. Sentía ese cosquilleo en el alma, esa cosilla que te dice que te estás enamorando del proyecto. El otro día incluso soñé con la historia que pretendía contar. Buena señal. Pero hoy…..hoy ha sido el primer día que he dudado. Hoy, a pesar de haber sido una jornada productiva, he sentido ese miedo, el miedo a no hacer un buen guión, a no llegar a expresar todo lo que quiero expresar, a querer llegar más lejos de a dónde realmente puedo llegar ahora mismo como creador cinematográfico.

Hoy sí que puedo decir, con toda certeza, que voy a escribir un guión de largometraje.

Algunos lo habréis adivinado nada más verla.

Para los que no lo sepan, esa mirada hipnótica que encabeza el blog pertenece a Monica Vitti. Qué mujer. Su proyección, claro. Personalmente no he tenido el placer de conocerla. Pero me enamoré de ella desde el primer plano de El Eclipse de Antonioni. Me enamoré de su mirada, de su nariz, de su actitud. Y ella hizo que me enamorara de la película también.

¿Por qué me enamoro? No lo sé. Si alguna vez doy una respuesta coherente no me creáis, estaré lejos del amor en esos momentos. Porque el amor no tiene explicación, no la necesita. El amor es misterio. Si no, no es amor. Podré detectar una serie de síntomas: Las mariposillas en el estómago, la emoción, la atracción, la hipnósis, el deseo, el arrebato…. lo que cada uno tenga como señales de alarma que convenzan a la razón de que estás enamorado. Pero el amor no es una suma de síntomas. Me hace sentir bien y me hace sentir mal. El amor no admite dudas. El amor es certeza pura.

la belleza y su reflejo

No la vi venir. Llegó a traición, cuando menos me la esperaba. Suena a tópico, pero es verdad. Ya desde el principio sentía algo raro, diferente, nuevo. Después se volvió en algo profundo, con vocación de infinito. Solo sé que algunas pueden hacerme cosquillas en el alma pero pocas son las que consiguen transformarla. Y lo hizo. Se metió dentro para enseñarme el mundo desde otro punto de vista y para iluminar rincones de mi mismo. Es ese reflejo del espejo que llega más vivo que nunca, ese que te descubre. Tanto si viene de una persona o de una manifestación artística o de la propia naturaleza, llega para quedarse, para grabarse en tu memoria. Es un regalo.

El Eclipse fue uno de esos regalos, porque me descubrió a Monica Vitti, porque es uno de esos ejemplos vivos de cómo entiendo el arte del cine. Cuanto más escribo más me doy cuenta de lo inútil del esfuerzo de encauzar en palabras aquello que se desborda. Lo volví a sentir con El espejo de Tarkovsky, por poner ejemplos recientes. Son honrosos y defendibles en cualquier foro cinéfilo. Pero también me enamoré de City of angels, con todo lo mainstream que es y lo limitado de sus actores principales, o de Mentiras, una película koreana sumamente pretenciosa que busca la polémica filmando escenas de sexo muy explícitas, o de Corrupción en Miami, esa oportunista recuperación de una serie de los ochenta de lo más hortera, o de The Fountain, con todo lo megalómana y absurdamente ambiciosa que es. Pude sentir la tentación hace tiempo, pero ya no: No reniego de ellas. Renegar de un amor es renegar de uno mismo. Porque si algo ha conseguido moverte, retorcerte, replantearte, expandirte, abducirte, sorprenderte, ya sea por un instante o por años, te dice mucho sobre ti. Es un espejo. No lo rompas ni lo tapes. Aprovéchalo.

La última mujer de la que me he enamorado no me ha hecho ni caso. Lo que yo percibía como pura magia no era más que una locura singular. Contaba los días hasta volver a verla, hasta volver a sentir ese momento en el que perdía mi centro, en el que me parecía salir de mi mismo, ese instante en el que “yo” y “ella” se difuminaba y las almas se acurrucaban junto al fuego. Puede que un amor no correspondido no sea amor, sino anhelo. Me da igual. Lo que sea. No reniego. Volvería a hacerlo igual, corazón roto incluido (ese era un problema entre yo y mis expectativas). El amor nunca es inapropiado. No le busques explicación porque lo afeas. No lo esperes de vuelta porque lo repeles. Regalalo siempre que puedas. Y nunca, nunca, nunca es un error. 

Yo mientras me encuentro y me pierdo en esa mirada….